lunes, 17 de mayo de 2010

La UASD, enseñanza de vida


A inicio del año 1978 ingrese al Centro Universitario Regional del Nordeste (CURNE) para cursar el Colegio Universitario, requisito básico para ingresar a facultad en la UASD, era la época en que la República despertaba a una nueva era de la vida social y política, se tenía la expectativa de que el PRD derrotaría al Dr. Balaguer en las urnas con todo lo que ello implicaba, la UASD ardía en medio de las denuncias de muerte, sangre y atropello de doce años de vida nacional que marcaron, no solo a los individuos y las familias, sino también los corazones.

El régimen de Balaguer sintiéndose perdido arreció las presiones ciudadanas y la más vieja del nuevo mundo era receptáculo de ello; éramos, los jóvenes de aquel tiempo, sospechosos del crimen más horrendo según las autoridades: Ser Comunista.

El problema era que nadie o casi nadie sabía que era exactamente el comunismo, pero de todos, por ser jovenes, se sospechaba. Yo he bautizado a esa época como la “generación de los Perseguidos” y ciertamente, hace algunos años mi amigo el profesor Gabriel Hernández me regalo un ejemplar de las obras escogidas del Che Guevara particularmente encuadernada: por una de su tapa tenía una imagen de la virgen de La Altagracia y por la contratapa el Corazón de Jesús, esa era la única forma de transitar con ella bajo cierta seguridad.

En esas condiciones hice el CU y luego, ya con un PRD triunfante que para la época era sinónimo de libertad, de arrojo y combate a los desmanes de Balaguer, me traslade a la capital ingresando a facultad en el período 1979-1980. Para un hombre de pueblo acostumbrado a los vaivenes sedentarios de las ciudades del interior, un mundo pequeño sin mayores complicaciones y que se acercaba más a los criterios de la ruralidad que los citadinos, aquello fue un salto enorme.

Lo confieso me costó acostumbrarme a la capital cosa que nunca logre totalmente al punto que hoy día, por mis ocupaciones en la PGR, cuando entro a Santo Domingo, digo yo, que lo hago de espalda para a provechar cualquier brecha que me permita regresar. Definitivamente yo soy un campesino... pero aiveitio, como dicen por aca en el Cibao

Vivía en un lugar lejano allá en lo que hoy es el Este de Santo Domingo, Alma Rosa II en casa de una tía a la cual llegaba casi a la media noche pues en mi ruta de guagua era el último de los pasajeros en desmontarme eso me hizo entablar amistad con algunos choferes de la Ruta 8, hasta que esa misma situación me obligo a mudarme a un lugar que me acercara mas a mi Alma Mater. El campus de la UASD era, como es de suponer a pesar del cambio político, un hervidero se producían muchas protestas que nos obligaban a abandonar la docencia por días, pero siempre mantuve la esperanza de concluir mi carrera.

Allí conocí a gente verdaderamente interesante, la intelligentia de la época. Profesores como José Joaquín Bidó, José Antinoe Fiallo, Don Alberto Rincón, Rafael Alburquerque, Francisco del Rosario Diaz(EPD), Almanzor González, Alvaro Diaz, son solo unos nombres de la larga lista de brillantes expositores y académicos de los que me nutrí.

Lo cierto es que esa época marcó mi vida. Pienso que la experiencia de la cual puedo hacer alarde hoy no es precisamente la obetnida en la calle, en la practica privada, sino lo acumulado en varios años de estudio en la "Mas vieja del nuevo mundo"

No hay comentarios:

Publicar un comentario